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Nicolás Amador Brando

Buenos Aires, 2023

Salimos de Montevideo en barco, cruzamos el Río de la Plata y aparecimos en Buenos Aires. Fui con mi amigo Bruno. Lo que más quería ver era el subte: es el más antiguo de toda América.

  • 1913año del primer subte
  • 3oficios probados
  • 2museos
  • 9fotos del viaje
Nico y Bruno asomados a la barandilla viendo llegar un tren del subte de Buenos Aires al andén de abajo
Viendo entrar el tren desde el piso de arriba de la estación.

Cruzar el Río de la Plata

De Uruguay a Argentina se va en el Buquebús. Es un barco grande y rápido, con butacas amarillas como las de un avión, y desde la ventana no se ve la otra orilla: el río es tan ancho que parece mar. Nos pasamos casi todo el viaje pegados al cristal esperando a que apareciera la costa.

Nico y Bruno sentados en las butacas amarillas del Buquebús con la maleta al lado
A bordo Butacas amarillas y la maleta al lado.
Nico y Bruno pegados a la ventana del barco mirando cómo aparece la costa de Argentina
Buscando la costa Cuando aparece, empieza el viaje de verdad.
Nico y Bruno con la maleta por la pasarela de embarque del Buquebús para volver a Uruguay
La vuelta La misma pasarela, en el otro sentido.

Ida y vuelta en el Buquebús. Tres horas de río en cada sentido, y la maleta siempre a mano.

El subte más antiguo de América

El subte de Buenos Aires abrió en 1913 y fue el primero de América y de todo el hemisferio sur. Por la línea A, que es la celeste, estuvieron circulando casi cien años unos vagones de madera preciosos. Bajar al andén y oír llegar el tren por el túnel es de mis cosas favoritas del mundo.

La línea A es la celeste. En el plano se distingue enseguida porque es la que cruza el centro de lado a lado, y fue por donde empezó todo en 1913.

El Planetario y la sala que engaña a los ojos

El Planetario es una cúpula enorme en medio de un parque; por fuera parece una nave espacial que acaba de aterrizar. Y en el museo de ciencia había una sala pintada a rayas donde uno parece gigante y el otro enano según dónde te pongas, aunque los dos midamos lo mismo.

Nico y Bruno con un helado delante de la cúpula del Planetario de Buenos Aires
El Planetario Con helado y la cúpula detrás.
Nico y Bruno en la sala de ilusiones ópticas de rayas blancas y negras, uno parece mucho más alto que el otro
La sala que engaña Los dos medimos lo mismo. Míralo otra vez.

Ciencia por la mañana. Una cúpula, un helado y una habitación que te cambia el tamaño.

Una ciudad entera hecha a nuestro tamaño

El Museo de los Niños está dentro del Abasto, que antes era el mercado central de Buenos Aires. Por dentro es una ciudad de mentira con todo puesto: calles, semáforos, un banco, un supermercado y un estudio de televisión. Te dan un puesto de trabajo y lo haces. Un año después, en Santiago, nos encontramos otra ciudad de oficios igual en KidZania.

Nico y Bruno en la calle del Museo de los Niños del Abasto, junto a un semáforo y las fachadas de las tiendas
La calle Con semáforo, banco y tiendas.
Nico y Bruno atendiendo la caja del supermercado del Museo de los Niños del Abasto
En la caja Uno cobra y el otro pasa la compra.
Nico manejando una cámara de televisión en el estudio del Museo de los Niños del Abasto
El estudio de televisión Uno a la cámara y el otro delante.

Cajero, cámara y calle. En una mañana trabajamos en el supermercado y en la tele.

Un subte de hace más de cien años sigue funcionando todos los días.

Eso es lo que más me impresionó. Y otra cosa: cruzar un río puede llevarte a otro país. En el mapa parece poco, pero al otro lado se habla distinto, los trenes son distintos y hasta las monedas.

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